Dos mitades de un pañuelo de seda

El pañuelo de seda caía lentamente hacia el suelo y el maestro artesano interpuso el filo de la espada en su camino. Al tocarlo se dividió en dos y las mitades siguieron su trayectoria. Una sonrisa de satisfacción cruzo su cara.

La ardua labor de los últimos meses culminada en este singular hecho. La selección de metales. El calor, el incesante martillar para que los diferentes metales se convirtieran en uno. Capa tras capa, doblez tras doblez, calor y frío, día tras días hasta llegar aquí.

El maestro artesano moldeaba su creación con el singular propósito de amalgamar esos metales en la hoja más filosa que se había visto.

Así es nuestra vida. Somos los maestros artesanos de ella y nuestro propósito es amalgamar los metales – las experiencias, el conocimiento – en la hoja más filosa que el mundo haya visto. Día tras día, capa tras capa, doblez tras doblez, calor y frío. Ese es nuestro destino. Desarrollar nuestro talento hasta ser la mejor versión posible para contribuir al mundo nuestro singular don.

Es una enorme responsabilidad, porque en todo el universo, tú y yo somos los únicos que podemos usar nuestro talento. Sólo tú lo puedes desarrollar. Sólo tu lo puedes emplear. Sólo tu lo puedes llevar al lugar donde corte el pañuelo de seda.

Hoy les deseo un día siendo el maestro artesano de sus vidas.

Un abrazo,

Ricardo

0 Comments