Intercambios

En esta epoca del año los intercambios son algo de costumbre. Tú me compras una corbata, yo te regalo un perfume. Vamos a fiestas e intercambiamos buenos deseos y felicitaciones. Es una temporada de trueques.

El lunes en mi club de Toastmasters, a propósito de la temporada, se tocó el tema. Un compañera hablaba del intercambio de su hija en la escuela y cómo había llevado algo y no había recibido nada a cambio. A mi me hizo recordar un intercambio en mi kínder. Recuerdo mi madre, en una Cuba con escasez, hacer fila una noche para conseguir un regalo. Unos deliciosos rompequijada (Jawbreakers) de chocolate. Eran mis favoritos. ¡No quería darlos! Al final el momento llegó y recuerdo mi sentir al recibir un lápiz, amarillo, No. 2 a cambio del fabuloso tesoro. Yo casi a punto de llorar y mi compañera con una gran sonrisa en la cara.

 

Quizá ahí fue el momento que inicié a comprender que no es acerca de trueques; que es acerca de dar. Cuando das sin esperar nada a cambio, cuando compartes lo que tienes, lo que sabes, lo que eres sin esperar recompensa, en ese instante entiendes el verdadero sentido de ésta temporada.

 

Dar no implica recibir; ni las gracias. Dar no es lo que te sobra. Dar no es lo que ya no usas. Eso es más como compartir. Dar es eso que al desprenderte de ello sientes su perdida, pero que aún así sabes la gran felicidad que le regalas a la otra persona.

 

Rara vez me pongo religioso, pero al final ese es el verdadero ejemplo de Jesucristo: dar.


Aprende a dar sin recompensas. Cuando haces eso, algo curioso pasa en tu vida. El universo se encarga de recompensarte. En miles de maneras. Quizá la más grande en llenar tu corazón de felicidad.

 

El niño en mi aún extraña esos rompequijada de chocolate… espero el universo algún día me los regrese.

 

Les deseo un día lleno de felicidad dando.

 

Un abrazo,

 

Ricardo

0 Comments