Ser diferente

Le tememos a nuestro éxito. Yo le temo. Tú le temes. ¡Si! Crecemos en un entorno donde nos enseñan a ser iguales. Un entorno que premia a los que son parte del grupo. Ponte la misma ropa, piensa de la misma manera, haz las mismas cosas, habla de la misma forma. Nos inculcan el pertenecer y en un mundo donde la mediocridad es la norma tratar de ser excelente significa destacar. Significa no pertenecer al grupo. Ser innovador, ser diferente implica romper el miedo a no encajar con tu entorno. Somos aún en nuestra individualidad como la hormigas de la película Antz y para llegar a ser como Z nos tenemos que exponer a ser ridiculizados, criticados, excluidos, aislados, relegados.

Le tememos al éxito, al fracaso, a perder, a que se rían de nosotros, a que nos ridiculicen, a ser diferente. Vivimos con estos miedos y nos detienen en todo lo que vamos a hacer. Cada ves que emprendemos una gran tarea, cada vez que iniciamos algo que puede repercutir y cambiar al mundo, cada vez que nos comenzamos a acercar al éxito nuestros miedos florecen. La voz interna que te dice, ¡NO PUEDES! ¡ERES UN FRAUDE! ¡NO MERECES ESTAR AHÍ! Nos pasa a todos, todo el tiempo. Le pasa a los más preparados de la sociedad – estudiantes de MBA en Stanford y Harvard – , los que más destacan – artistas de hollywood y cantantes internacionales – y a los que simplemente vivimos a diario sin destacar. Es un miedo inconsciente de salirnos de la manada y estar solos en la llanura. Sin embargo, la excelencia, el éxito, la realización sólo está afuera. No existe, no es posible en el medio del rebaño.

Te pasa todo el tiempo y tienes que luchar contra ese miedo en todo momento. Cuando tenia 15 años a mi familia la invitaron a una cena de gala. Mi compañera de mesa iba a ser la hija del embajador de México en Estados Unidos. En mi cabeza el miedo era ensordecedor, hasta que mi mamá me dijo, “eres un chico que has viajado, lees muchos, muy culto y con buena educación a la igual que ella”. Ayer me invitaron a un programa de televisión. En mi cabeza la voz del miedo resurgía y las palabras de mi madre regresaron a calmarme. Nos pasa a todos en todos los momentos, en todas las etapas. El miedo a estar expuesto en la llanura, pero sólo ahí se encuentra el éxito.

Les deseo un día en las llanuras. Dejen a la manada atrás y persigan su sueño.

Un abrazo,

Ricardo

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