Una mala fama que no merece

Todos en el mundo lo evitamos. Iba decir que como la plaga. Pero lo evitamos más que la plaga. Huimos a toda costa de el. Nos desvelamos tratando de que no entre a nuestras vidas. He visto a personas encaprichadas en que nunca les sucederá y cuando pasa he sabido de personas que llegan hasta el suicidio. Pero les puedo asegurar que el fracaso tiene una mala fama que no merece.

En principio el fracaso es necesario para ganar. El fracaso es un proceso de aprendizaje. El fracaso construye imperios. Te enseña el camino con cada intento hasta que llegas a tu meta.

Hay algo curioso acerca del fracaso. Nadie fracasa hasta que se da cuenta que ha fracasado. En el fracaso todos somos como el coyote persiguiendo al corre caminos. Intentamos una y otra vez. Perseguimos al corre caminos un sin número de veces. Estamos corriendo detrás de el en el precipicio, pero no es hasta que miramos hacia abajo y nos damos cuenta que no hay tierra firme debajo de nosotros que caemos. Pudiéramos seguir corriendo, pero es el conocimiento de que fracasamos – de que ya no estamos en tierra firme – el que nos hace caer.

Quizá ese sería el secreto que el coyote aún no descubre; si sigue corriendo sin mirar hacia abajo podrá alcanzar al corre caminos. Quizá ese sea el secreto del éxito. Una perseverancia irracional que no permite que nos demos cuenta que ya no estamos en tierra firme.

Para alcanzar tu sueño – a ese corre caminos de tu vida – tienes que dejar la tierra firme y correr en el precipicio y necesitas una perseverancia irracional que te permita volar sin saberlo. Pero si en algún momento te das cuenta y llegas al fracaso, aprende y recuerda que, “solo has encontrado una de las millones de maneras de no hacerlo”

Un Domingo lleno de perseverancia irracional y sin temores al fracaso les deseo.

Un abrazo,

Ricardo

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