Un momento

Hace ya más de 40 años en Madrid, un misionero de la inglesa Bautista de Texas me regaló una Biblia inglés-español. Refugiado y con escasos recursos, se convirtió en una de mis más preciadas posesiones. El no tenia por qué hacerlo, pero ese gesto singular se ha quedado conmigo toda la vida. Hoy cuando veo a cualquier misionero, en mi nace la necesidad de ayudarlo y al hacerlo me deja una sonrisa y un sentido de satisfacción.

Los pequeños actos de apoyo, de aliento, de bondad que recibimos se imprimen en nuestro cerebro. En un mundo lleno de tecnología, las personas anhelan esos momentos de humanidad y recuerdan y agradecen a los líderes que los hacen.


Hoy tú y yo le podemos cambiar el día a alguien. Hoy tú y yo podemos ser esa persona que da el apoyo, el aliento, la bondad a otro que lo necesita. Eso más que cualquier otro acto que puedas hacer es lo que cambia al mundo. Pequeños actos de bondad que se quedan impresos en el cerebro de quienes los reciben.


Practícalo diario y veras como tu mundo cambia. Hazlo tu misión y ve como cambia tu vida. No son actos grandiosos, no son obras enormes, no son ayudas monumentales, son pequeños momentos de humanidad.


Les deseo un día lleno de momentos.


Un abrazo,


Ricardo

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